Si lo sé, no entro – Capítulo II de ¿Qué piensan los hombres?

¿Qué piensan los hombres? Cap. II. ¡Qué viene la poli! Por Tery Logan.

Año Cero, Finales de Agosto

La semana siguiente me decidí a llamar a Toni, el chico dicharachero y atractivo de la fiesta. Me confirmaba la barbacoa para el sábado y me invitaba a llevarme neceser y pijama para pasar allí la noche. Por lo que pude intuir en la fiesta, la casa era bastante grande y ya que me pillaba a más de sesenta kilómetros en coche, si quería beber algo, era de agradecer que me pudiera quedar a dormir si me veía muy apurada para la vuelta.

En la barbacoa lo pasamos muy bien. Risas, buena charla y buena música. La comida estaba deliciosa y la gente era muy agradable. Todos, excepto Alfredo, que se tiró todo el día borracho. Fue cuando realmente me di cuenta de lo mal que estaba emocionalmente. Las veces que nos habíamos enrollado no habíamos compartido casi tiempo fuera de la cama y en el campamento había fingido un papel, el mismo que había interpretado conmigo. En la barbacoa comía a ratos, bebía todo lo que le echaban en el vaso y se iba quedando dormido en cada esquina, a cada momento y en cualquier rincón, sin importarle si estaba vestido o desnudo y si era de día o de noche. Mezclaba whisky con ron, ginebra, tónica y limón. Imagino que eso le hacía olvidar lo de su ex mujer, pero en realidad le haría recordar. Aunque nadie sabía lo nuestro, yo sentía vergüenza ajena por haberme liado con él y por no haberme dado cuenta del tipo tan inestable con el que había compartido dos semanas de mi vida.

Antes del divorcio yo había adelgazado muchísimo, así que el verano estaba siendo ideal para presumir de figura. Toni tenía piscina y aproveché para darme un chapuzón. Otro muchacho, Enrique, me hacía ojitos. Toni también se había dado cuenta y no estaba dispuesto a que le arrebatasen la conquista y se puso a tontear conmigo. Me cogió de la cintura para tirarme al agua, momento que aprovechó para arrimarnos más de lo estrictamente necesario. Toni había despertado mis hormonas y mi deseo sexual con el juego acuático.

A la noche repetimos barbacoa con la comida que había sobrado. También había mucha bebida. Todos estábamos borrachos en mayor o menor medida. Yo no podía volver a mi casa así y avisé a Toni de que, finalmente, me quedaría.

—Toni, voy fatal. Necesito que me hagas un hueco, si la oferta sigue disponible.

—El hueco ya lo tienes desde esta mañana. Tú duermes hoy conmigo.

—A sus órdenes —bromeé.

—¿Luego vas a ser igual de obediente?

—Según te portes.

Me dio un cachete en el culo y reí. Se me acercó al oído y me susurró todo lo que me iba a hacer. La noche prometía. Yo estaba encantada de dormir con Toni. Era alto, fuerte y tenía pinta de ser buen amante. En cuanto se fueron los demás, se me abalanzó sin mediar palabra. Desde luego, besaba muy pero que muy bien. Me cogió de la mano y me llevó a la habitación para darme un buen masaje que me relajase entera. La verdad es que yo no necesitaba relajarme, pero me desvestí, me tumbé boca abajo y sus enormes manos comenzaron a recorrerme entera.

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de tanto erotismo con una persona. Sus manos eran fuertes y me agarraban con determinación. Yo estaba cada vez más excitada y quería cambiar de posición para poder besarle, pero él me frenaba una y otra vez para seguir boca abajo mientras continuaba con el placentero masaje desde los dedos de los pies al lóbulo de la oreja. Toni tenía un sinfín de maniobras bien aprendidas y mejor aplicadas. Yo no podía aguantar más toda la tensión sexual que estaba acumulando y le pedí que me besara. Y lo hizo de una forma sensual y sumamente erótica. Se tumbó sobre mi espalda y me besó la nuca, la oreja y me susurró al oído. Me cogió de las manos para que no pudiera moverme y así estuvimos otro buen rato hasta que, por fin, me dejó que me diera la vuelta para poder besarle. Me chocó que me dijera que no le acariciase su sexo aún, pero pensé que igual estaba demasiado excitado y que le preocupaba durar poco.

—¿Tú no te quitas la ropa? —pregunté deseosa.

—Si me la quito, quiero que sepas que no habrá marcha atrás.

—¿Y quién quiere que la haya? —Estaba un poco desconcertada.

—Yo solo te lo aviso.

¡Dios! ¡Era tan sumamente sexy! A las alturas que estábamos, ¿quién querría que hubiera un punto de retorno? Toni sabía jugar con los ritmos y medir bien los tiempos para acrecentar el deseo en mí.

—¡Quítatela ya!

Toni apagó la luz y se quitó la ropa, a excepción del bóxer. Yo me tumbé boca arriba. Tan solo llevaba el tanga y también me lo dejé puesto para estar en igualdad de condiciones. Seguimos besándonos con mucha pasión. Me tocaba por aquí, me acariciaba por allá… Estaba disfrutando muchísimo porque a Toni le encantaban los preliminares y estaba siendo muy generoso con mi disfrute. Yo seguía concentrada en disfrutar del momento, pero al rato, cuando fui a quitarle el bóxer, se me encendieron las luces de emergencia. ¿Dónde se había escondido Toni el pene? Con mucho misterio y teatralidad, Toni se quitó la última prenda y se tumbó junto a mí. Inmediatamente, eché mano a su paquete y el misterio quedó desvelado. Toni tenía micropene.

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 Por Tery Logan

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